MAMÁ.

Madres que se asumen su cambio de su vida de un día a otro, y que no volverán a mirar atrás con arrepentimiento.

Mujeres que aman ya, sin conocer meses antes, y que dan todo segundos después de hacerlo.

Mujeres soñadoras, libres, que consiguen hacer real una ilusión instaurada con el tiempo en sus corazones. Años antes una mujer se ve ejerciendo de madre y siente, anhela y presupone acontecimientos y emociones venideras.

Madres que entregan, que perciben, trabajan y se esfuerzan por ser todo y hacerlo todo, muchas veces ignorando pedir ayuda o descanso.

La mayoría de veces personas de profunda sentimentalidad que son invadidas por la cruda soledad y el miedo a fallar.

Mamás estáis ahí siempre, pidiéndoslo o no. Vuestra mano y vuestro abrazo está siempre dispuesto. Os dejáis en última posición, primero va un hijo, lo más preciado de vuestro ser.

Madre e hijo, parte el uno del otro.

Madre: sustento, apoyo, guía, afecto, lucha, ternura, trabajo…, todo positivo.

Feliz día Mamás!!

Dejémonos querer y ayudar y apoyémonos siempre entre nosotras. Somos el pilar de nuestras familias, así que merecemos ser bien atendidas 😉😄

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Mujeres que luchan.

Es nuestro momento de ser, ejercer, levantarnos, caminar erguidas…

Sabemos abanderar, mandar, organizar, colaborar, defender y luchar.

Tenemos fuerza y poder como mujeres y madres. Somos valientes e imparables.

Recorremos un camino que hace muchos años allanaron otras. Ese camino era pedregoso e intransitable.

Hoy en día podemos pasear más seguras. Probablemente existan irregularidades en el terreno, rocas que nos harán tropezar y señales obsoletas o mal colocadas.

Con todo lo malo que se nos ponga delante podremos lidiar si tenemos determinación.

Somos madres sí, muchas, otras solo hijas, amigas o hermanas de otros. Todas somos mujeres que no conocen el significado de rendirse.

Trabajamos por perfeccionar y alegrar nuestras vidas, por mejorar el mundo y emprender acciones productivas y generosas.

Queremos hacer cosas buenas, que nos satisfagan, nos llenen, que nos permitan seguir siendo madres presentes.

No queremos engañar ni engañarnos, solamente hacer que todo valga la pena.

Estamos aquí para hacer cosas buenas y grandes y para formar y lograr metas y objetivos.

Logramos la felicidad cuando la irradiamos desde nuestro interior.

Damos luz al generar vida, proyectos y al seguir caminando por causas que nos unen a todos.

La cicatriz más bonita.

Escucho que no eres tan madre tú como ella.

Afirman que ser madre implica parir y tú no lo has hecho.

El intenso dolor de un parto natural, qué verdad que demuestras fortaleza cuando pasas por ello.

Explican que se ha desgarrado, que no podía ni sentarse y dolía demasiado…

A ti te vi padecer, horas, días como ella. Creías morir y que ese dolor no desaparecería nunca.

Nadie podía consolarte. Te habían prometido un parto estupendo, pero todo se complicó.
Esperabas estar con tu marido y vivir juntos la experiencia.

No dilatabas y seguías sufriendo: una tarde, una noche, y otro día más…

Tras esa noche eterna pensaste que todo acabaría y la mañana fue peor. El bebé tenía problemas. Te hicieron pruebas y al bebé. Todo apuntaba a que ambos sufríais y todo podía empeorar.

Al fin, alguien llegó.

Lo que iba a ser natural y bonito, se acabó. Vámonos.

Te llevaron a ti sola. Lloraste. Tu marido también. Tu madre…

Nadie entendía qué sucedía.

Tú sonreías. Querías aparentar calma. Estabas aterrada por dentro.

Te llevaron a una sala fría, llena de gente. Te ataron los brazos.

Te hablaban para tranquilizarte y te acariciaban la cara.

Solo querías que acabase. Te sentías incómoda. Sentías molestias muy desagradables.

Y después…, escuchaste un llanto y viste su cara.

¿Decís que una madre que pare por cesárea es menos madre?

El recuerdo de una sala tras una cesárea son sábanas teñidas de sangre en el suelo, una madre abierta y cosida, un momento de desconcierto ante el estado de tu hijo y el temor vivido sola tras horas de sufrimiento en balde por un parto natural que no se pudo lograr.

Una madre lo es de todos modos cuando toda ella se entrega por y para su hijo. No importa el modo de tenerlo, si no el afecto desmedido que se ofrece.

Una madre solo quiere tener a su hijo sano aunque ello suponga perder la vida.

Paso de mujer a mami.

La calidez que se encuentra con un hijo no la hallas en ninguna otra relación

Cuando eres madre experimentas una sensación emocional nunca antes conocida.

En una mujer se desarrolla el instinto de protección hacia un hijo y no existe ya nada que lo supere ni que se anteponga a ello.

Maduras y dejas de ser una persona indecisa o cobarde. Cuando te conviertes en madre ejerces con determinación y decidisión. Las alas que en el pasado mantenías cerradas, ahora se abren majestuosas para dar cobijo.

Valoras y actúas ante lo que es más beneficioso para tu pequeño y aprendes a decir NO desechando las medias tintas. La educación y el bienestar de tu hijo te corresponden, por ello si has de relegar a otros a última posición o decirles lo que piensas o sientes aunque conlleve desplantes, lo haces.

El tiempo de figura con poder, valentía y fuerza personal tiene lugar y ante ello una debe afrontar cada jornada.

Ahora es a nosotras a quienes nos preguntarán, pedirán y de quienes lo esperarán todo. Por ello mamis a sacar fuerza, coraje y confianza propia. No debemos fallarles ni fallarnos. Somos válidas y capaces de todo. Cada día que pasa es un objetivo conseguido y nuestro pequeño nos lo agradece cuando grita MAMI porque quiere un abrazo.

El contacto contigo.

¿Qué hay de anormal que nuestro hijo quiera estar a nuestro lado todo el tiempo? ¿Y que queramos estarlo nosotras?

Ya el primer día que éste nace, familiares quieren que lo soltemos y lo entreguemos de brazos en brazos. Llore o no, pretenden que permanezcamos impasibles viendo el «espectáculo circense».

Nuestro hijo acaba de salir de nuestro interior, ¿puede alguien entender que esa separación física que otros buscan es muy pronta?

Los primeros instantes, días, meses de vida le necesitamos tan cerca, tan pegado a nosotras. Nuestro hijo demanda y necesita esa protección y apego.

Es parte de nuestro cuerpo y alma, ¿podríamos vivir sin él? Obviamente del todo y felices no.

Somos muchas las que meses después de tener a nuestros bebés seguimos sintiendo la imperiosa necesidad de no despegarnos de su lado. Creo que con eso no debería haber nada que objetar. Cada cual criamos como queremos. Si criamos con afecto y contacto, ¿qué problema hay? El problema sucedería si fuese al contrario.

No es obligatorio llevarlo a guarderías o dejarlo con familiares cuando hijo o madre no están preparados o no lo han decidido así. Es un bebé y el tiempo pasa demasiado deprisa para que lo disfruten otros.

Quizás existan bebés que necesiten aprender a socializar o convivir o desinhibirse más que otros y les vaya bien otro entorno que el de solo sus padres, no obstante, somos sus primeros maestros y educadores y no encuentro lugar más idóneo para su desarrollo emocional y afectivo.

Dar pecho con atención.

Mamás no desaprovechéis el tiempo durante el que dais pecho a vuestros hijos.

Con el paso de los meses cierto es que nos volvemos unas expertas en la tarea del amamantamiento y eso puede hacer que le restemos importancia y valor.

Las primeras veces, incluso el primer medio año, cuando es novedoso, mágico, extraño, sacrificado, duro…, y aún no existe la adaptación de hijo y madre o el entendimiento necesario, disfrutamos del proceso con veneración.

Lo que no debemos dejar que ocurra es que lo mecanicemos y abandonemos el cariño que utilizábamos al principio.

La experiencia es un grado y en la sociedad de estrés y agobio en la que vivimos compaginar varias cosas nos ayuda a salir adelante.
En ocasiones el hecho de poder amamantar y a su vez escribir, trabajar con el móvil, hablar por teléfono…, tiñe de oscuro la pureza de la situación.

Nuestro bebé sigue deseando ese momento y entiende que es para él en exclusividad.

Creo que podemos descansar nuestra mente y relajar nuestro interior unos instantes y desconectar, como hacemos en el gimnasio, y volver a fundirnos en los ojos de nuestro hijo.

El dar pecho finalizará un día y miraremos hacia atrás con nostalgia. Los momentos tan únicos y personales calan en ambos seres, porque amamantar no es solo alimentar, es nutrir de nuestro poder, afecto, seguridad…

Nuestro hijo percibe todo. Si nota nuestro pasotismo y falta de empatía con él tendrá un momento menos agradable y resultará menos gratificante para ambos. Se convertirá lo especial en un acto vacío y carente de sentimientos.

Hábitos adecuados antes y durante el embarazo.

Antes de quedarnos embarazadas debemos empezar a cuidarnos. Tener pensamientos positivos nos llevará a lograr el fin deseado. La buena alimentación y el adecuado cuidado físico y mental influyen en la fertilidad.

El estrés y los incorrectos hábitos a la hora de comer pueden ser contraproducentes antes y tras quedarnos embarazadas. Por una parte retrasarán el deseado momento de un afirmativo del Predictor, y por otro afectarán al feto que recibe todo lo que le transmitimos, sea tanto emocional como a nivel salud.

Tomar ácido fólico es prácticamente obligatorio y vitaminas prenatales o Hierro quien lo necesite a mayores.

En mi caso me conciencié desde que empezamos a buscar al bebé y mejoré mis hábitos diarios alimenticios, hice más deporte y practiqué un ocio más saludable, además de procurar frenar el estrés dentro de lo posible. Quería ser una mujer embarazada que llevase un día a día normal, activo y agradable. Me propuse disfrutar cada instante al máximo, sonreír, esforzarme por estar guapa y saludable y ofrecerle a mi bebé también una dieta idónea y un estilo de vida que le aportase energía y felicidad.

Fui al gimnasio hasta dos días antes de parir. Allí entrenaba haciendo pilates, bodytono, en la sala de musculación. Salía a caminar, a nadar…, dentro de lo posible y moderado, no obstante, una entiende hasta donde puede llegar y debe consultar a su médico y/o matrona. Cuidar la piel también es muy importante: Hidratarse con aceite de almendras y protegerse mucho del sol con factor 50 y crema facial que prevenga posibles manchas en la cara. Podemos ponernos sombrero también y evitar los rayos del sol en la cara y además luce mucho llevarlo.

Con cuidados adecuadas yo no he tenido problemas para bajar de peso. Subí 10 kilos tras mi embarazo y los baje rápidamente. Aparte no tengo rastro en mi piel que hayan causado esos 9 meses ni la posterior pérdida d peso, ni estrías ni manchas.

Y sin olvidarme de lo más necesario, descansad mucho que debéis reunir fuerzas para lo que está por llegar 😉

 

A quienes juzgáis a una madre.

Percibo el modo en que me miras y comentas cuando amamanto. Sí, mi hija tiene más de un año y gracias, pero no necesito cubrirme para dar pecho. Sé como ser discreta, así que no perturbes con tus formas.

No pongas caras si regaño a mi hija. Sé lo que significa educar, así que no voy a ignorar a mi pequeña cuando haga algo mal, lo corregiré ahora. Soy una madre involucrada 24 horas al día, ¿a que eso lo ignorabas?. Apenas duermo y no renuncio a sonreirle al día, a mi marido y mi hija, así que no opines sin conocer.

Voy por la calle y te fijas en lo que hace mi hija y exclamas: «¡Cuidado!. Va a caerse». No, no pasará. Aquí está SU MADRE para evitarlo o intentarlo.

NO me des consejos que no demando y seguramente no aceptaré, ni me digas como he de hacer las cosas. Déjame libertad para ser y ejercer como madre. Voy a vivir mi maternidad libremente como deberíamos hacer todas, sin miedos ni tabúes.

¿Qué es la vida sin errar y continuar?, no lo sé. Lo que sí puedo imaginar es que no soportaría actuar con mi niña sin guiarme por mi instinto y corazón.

Con o sin tu ayuda continuaré el camino que he elegido. No te interpongas porque la maternidad me pertenece.

(CARTA A LA SOCIEDAD-ANA M. LONGO)

 

Paternidad vs maternidad.

Madre y padre son importantes, aportan sentido a la palabra FAMILIA y a la educación del niño. Sus diferentes roles consiguen un tándem equilibrado.

No obstante, y sin ánimo de menospreciar, la madre es imprescindible. Y hablo de la buena madre, de aquella que cuida, protege y ama, de la que está 24 horas al día pendiente de todo.

Creo y apoyo la diversidad en los núcleos parentales. Una familia no depende de géneros, ni razas, ni religiones. Se asienta en el amor que procese a sus hijos y en los valores de respeto hacia el resto de personas.

Un padre aporta, complementa o completa la educación que imparte una madre, siempre aludo a excepciones, porque sí existen madres que se desentienden, reniegan o desprecian lo que han creado.

Existen madres que desperdician sus propias vidas, rechazan su sangre y muchas ni han aprendido a dar afecto, y los padres toman el testigo y dan la talla. Sí hay, pero habitualmente cuando hay carencia de la figura femenina o de su falta de involucración.

Una madre tiene intuición, conocimiento, comprende más fácilmente y empatiza mejor.

Conocemos sin que nos lo hayan dicho aún, percibimos situaciones, sospechamos conductas, sentimos que algo no va del todo bien o que algo preocupa… Estamos ahí sin que nos lo pidan y aunque no quieran. Una madre lo es desde que el Predictor lo desvela y ahí comienza la preocupación diaria que no finalizará jamás.

Si amamos y entregamos, nuestros hijos verán y copiarán. Si abandonamos a un ser querido o nos despreocupamos de su crianza, qué no haremos con otras cosas.

El niño juega, se divierte, ríe y canta con abuelos, primos…, pero un niño que tiene contacto y apego a su madre, volverá a su madre por encima de todo. El lazo que une, si sigue fuerte y cuidado no se romperá con el tiempo, solo evolucionará.

Una madre alzará los brazos para cobijar tras el llanto o el miedo, el dolor o la pena. El niño temeroso o enfermo busca el aroma y la calidez de los brazos que le arroparon por vez primera, de los besos y palabras que escuchó aún cuando desconocía lo que deparaba mundo.

 

Entre madre e hijo.

Entre una madre y un hijo no existe ni tiempo ni reloj, ni para decir te quiero, amamantar, reprender o aconsejar.

Entre madre e hijo no existen secretos ni dobleces, ni máscaras ni lagunas.

Entre madre e hijo no existen palabras vacías carentes de sentido, ni versos difuminados con el viento.

Entre madre e hijo no existen muros, barreras, cerrojos o candados.

No existen tabúes, incomprensión, intolerancia o desdén; rencor, furia, rechazo o ignorancia.

Entre madre e hijo no cabe la duda, falta de empatía o gesto airado.

Dos miradas que se funden un día, tras noches de cantos, susurros y caricias. El día que se encuentran y conocen madre e hijo, es el instante en que dos vidas se enlazan de por vida.

Si ya se ama sin conocer, ni ver. Si se ama por sentir, se muere por perder el tacto y el olor de un beso, una mano, una piel…

MATERNIDAD LIBRE-ANA M. LONGO (MOMMY AMOR EN USO…)